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Quiénes votan y quiénes no en Estados Unidos: la esencia que puede aclarar las elecciones

Una trabajadora electoral en el centro de votación de la Escuela Secundaria Edmondson Westside limpia cada puesto durante la dilema singular para el 7º distrito del Congreso de Maryland, en Baltimore, el 28 de abril de 2020 (REUTERS/Tom Brenner) (Tom Brenner/)

En casi todas las democracias del planeta, el objetivo central de las campañas electorales es seducir a los votantes indecisos, que en muchos países son la mayoría de los ciudadanos. Los candidatos saben que solo tienen asegurado a un núcleo de seguidores fieles con el que no les alcanza para superar las elecciones, así que toda la organización excursión en torno a convencer a los independientes de que son mejores –o menos malos– que sus adversarios.

El diversión es muy diferente en Estados Unidos. Si admisiblemente hay un número no desdeñable de electores neutrales, son cada vez menos los que cambian de edicto entre una dilema y otra. Por las características del sistema y de la civilización política, las preferencias partidarias son proporcionado estables. El problema es que vota poca gentío.

Si se compara con Alemania, Francia, Reino Unido, Japón, Italia, España y Canadá, las otras grandes democracias desarrolladas –en las que igualmente el voto es voluntario–, solo en Japón y en Canadá se encuentra alguna dilema con pequeño décimo entre 1970 y 2019. Considerando exclusivamente comicios presidenciales en Estados Unidos y Francia, y parlamentarios en los otros seis, el país oriental tiene el récord de apatía electoral: en 1995 votó solo el 44,9% de la población en perduración de sufragar. Igualmente posee el segundo puesto: el 52%, en 2014. Pero en el resto de los comicios participó más gentío de la que asiduamente lo hace en Estados Unidos.

En 2016, cuando Donald Trump fue electo presidente, votó el 56% de los ciudadanos en perduración de hacerlo. Ningún de los otros seis países registró menos de 60% en sus últimas elecciones. En Alemania votó el 69,1% en 2016; en Francia, el 67,9% en 2017; en Italia, el 65,2% en 2018; en España, el 65,1% en en 2019; en Canadá, el 62,4% en 2019; y en el Reino Unido, el 62% en 2019.

Por eso, las campañas en Estados Unidos están esencialmente dirigidas a persuadir a los propios de que vale la pena el esfuerzo de ir a sufragar. Por supuesto, igualmente importa convencer a los indefinidos. Pero en un país crecientemente polarizado, en el que casi todos tienen una posición tomada en torno a cada partido, apetencia el que tiene anciano capacidad de movilizar a su propia unfavorable electoral y –si se juega desaliñado– el que logra desmotivar a los simpatizantes del adversario.

Un trabajador electoral emite una boleta por correo para un conductor discapacitado en el último día de la votación anticipada para las elecciones presidenciales de los Estados Unidos en la Biblioteca Pública de East Tampa, Florida, el 16 de agosto de 2020 (REUTERS/Octavio Jones)
Un trabajador electoral emite una papeleta por correo para un conductor discapacitado en el postrero día de la votación anticipada para las elecciones presidenciales de los Estados Unidos en la Biblioteca Pública de East Tampa, Florida, el 16 de agosto de 2020 (REUTERS/Octavio Jones) (OCTAVIO JONES/)

El perfil del votante estadounidense

Si la tasa de décimo electoral fuera pareja en todos los estratos sociales, el impacto de un aumento o una disminución generalizada tendería a ser incapaz. Pero la distribución de la contención está muy allí de ser homogénea.

Distintos grupos sociodemográficos votan a niveles muy diferentes en Estados Unidos. Los más bajos se encuentran típicamente entre los jóvenes, que tienden a tener lazos partidarios más débiles y aún no han desarrollado el túnica de sufragar, y entre los que tienen menores estudios, que tienden a sentirse menos conectados con el proceso electoral. Los grupos étnicos igualmente varían en cuanto a la décimo electoral, ya que los blancos y los afroamericanos acuden a las urnas en anciano medida que los latinos o los asiáticos americanos”, explicó Donald P. Inexperienced, profesor de política estadounidense en la Universidad de Columbia, consultado por Infobae.

Si se divide a los votantes por el camarilla de perduración se encuentran diferencias muy significativas. En 2016, por ejemplo, sufragó solo el 43,4% de los votantes registrados de entre 18 y 29 primaveras, según datos de The United States Elections Project, el portal especializado del profesor Michael McDonald, de la Universidad de Florida. Entre los 45 y 59 primaveras, la décimo ascendió al 66,2%, y entre los mayores de 60, superó el 71 por ciento.

La distancia es aún anciano cuando se considera el nivel educativo de la población. Entre las personas con secundario incompleto, solo votó el 30,7% en 2016. Entre los que lo terminaron, la tasa subió al 48,8 por ciento. Pero el anciano brinco se vio en los estratos superiores: votó el 68,6% de los universitarios y el 85% de quienes tienen estudios de posgrado, casi el triple que entre los que no completaron el secundario.

La misma tendencia se verifica cuando se divide a los ciudadanos por el nivel de ingresos familiares. En promedio, votó en 2016 el 41,4% de los que viven en hogares que reportan menos de 10.000 dólares al año, según una sondeo de la Oficina del Censo de los Estados Unidos. En el otro extremo, quienes informan ingresos por más de 150.000 dólares al año tienen una tasa de décimo de 80,3 por ciento.

“La décimo está influida por la demografía, las leyes electorales, factores actitudinales y los esfuerzos de movilización. Ciertamente hay otras consideraciones, incluido el clima del día de las elecciones, pero ésas son probablemente las más consistentes. En lo que respecta a la demografía, la educación y los ingresos aumentan los beneficios percibidos de sufragar y reducen sus costos en lo que respecta a la posibilidad de navegar por los requisitos de inscripción electoral y de cazar la información necesaria para evaluar a los candidatos y los partidos. Igualmente es más doable que voten las personas de perduración, en parte porque suelen tener vivido en su comunidad existente durante un período de tiempo más prolongado, por lo que no necesitan retornar a inscribirse, como les pasa a quienes se mudan, y una vez que han votado es más doable que vuelvan a hacerlo”, dijo a Infobae Tom Hansford, profesor de ciencia política de la Universidad de California en Merced.

Este sesgo etario y de clase tiene varias razones. Sin dudas, incide que se vote un martes, un día no festivo, a diferencia de la anciano parte del mundo, que vota los domingos. Hay personas que por su caminata gremial no tienen forma de venir a un centro de votación. Tanto o más básico es que el registro no es obligatorio, y en algunos estados existen muchas trabas que dificultan enormemente la posibilidad de registrarse.

“Hay mucha variación en las tasas de décimo de un estado a otro. Por ejemplo, los que tienen niveles de educación superiores al promedio tienden a tener anciano concurrencia, pero esta suele ser pequeño en aquellos con altos niveles de pobreza. Otro ingredient importante son las leyes de registro de votantes, porque cada estado es emancipado de establecer sus propios requisitos, internamente de límites muy amplios. En varios de ellos, se permite a los electores registrarse para sufragar el mismo día de las elecciones, mientras que en otros deben hacerlo tres o cuatro semanas ayer”, contó Thomas M. Holbrook, profesor de gobierno de la Universidad de Wisconsin-Milwaukee, en diálogo con Infobae.

Eso explica que en Estados Unidos, tomando como relato las elecciones de 2016, esté empadronada menos del 86% de la población en perduración de sufragar, cuando en Alemania, Francia, Reino Unido, Japón, Canadá y España es más del 91%, y en Italia es el 89 por ciento. Obviamente, esas trabas burocráticas no afectan a todos por igual: cuanto menores son los fortuna económicos y educativos de una persona, más difícil le resulta moverse en el áspero universo de las gestiones burocráticas.

“Los estados tienen mucha autodeterminación para establecer las leyes que rigen el proceso de registro y la forma en que se emiten los votos –dijo Hansford–. Por ejemplo, algunos facilitan la votación por correo, mientras que otros no. Ciertos estados permiten que los delincuentes condenados voten tan pronto como salen de prisión, pero otros les impiden sufragar incluso posteriormente de su libertad. Todas estas leyes hacen a lo realizable o difícil que es sufragar y, por lo tanto, influyen en la tasa de décimo”.

Como las desigualdades sociales suelen tener mucha correlación con lo que en Estados Unidos se conoce como desigualdades raciales –más allá de lo problemático del término–, no sorprende que igualmente haya diferencias importantes en la décimo de las distintas comunidades étnicas. Entre quienes son clasificados como blancos no hispanos en el censo, la décimo fue del 64,7% en 2016, casi cinco puntos más que los afroamericanos (59,9%) y 20 más que los hispanos (44,9%).

Todos estos datos muestran qué sectores terminan incidiendo más en las elecciones, pero de por sí no dicen a qué partido favorece este aberración. Si admisiblemente no se pueden sacar conclusiones terminantes, hay algunos indicios claros de que el Partido Republicano tiende a salir ganando.

“En el pasado nuevo, los patrones de décimo han tendido a agacharse con destino a el Partido Republicano. Por ejemplo, sabemos que es más doable que vote la gentío con mayores ingresos, y sigue habiendo una correlación positiva entre los ingresos más altos y la identificación republicana, así que esa es una fuente. Por otro banda, los votantes más jóvenes tienden a ser demócratas, y estos han tenido históricamente tasas más bajas que los estadounidenses de anciano perduración. Por supuesto que estos patrones pueden ser trastocados en cualquier dilema, pero son importantes”, dijo a Infobae Nathan J. Kelly, profesor del Sección de Ciencia Política de la Universidad de Tennessee.

El primer problema para los demócratas es que tienen una amplia preeminencia sobre sus rivales entre los más jóvenes, que votan en pequeño proporción. El 54% de las personas de entre 24 y 39 primaveras se siente más cerca de ellos que de los republicanos, con quienes se identifica el 38 por ciento, de acuerdo con el Pew Compare Heart. En el resto de los grupos de perduración hay anciano paridad y el partido de Donald Trump tiene una pequeña preeminencia entre los mayores de 56 primaveras: de 47% a 46% hasta los 74 primaveras, y de 49% a 48% de ahí en delante.

Los demócratas pueden revertir en parte esa desventaja por su penetración entre los sectores de anciano nivel educativo. Los republicanos dominan por 48% a 44% entre quienes no completaron la escuela secundaria, y hay paridad entre los que sí, pero no llegaron a obtener un título universitario. En cambio, entre los graduados, los demócratas se imponen por 53% a 40%, y entre los que tienen estudios de posgrado, por 61 a 33 por ciento.

Pero el anciano batalla para los demócratas es plasmar en las urnas la abrumadora mayoría que tienen entre las minorías étnicas. Es cierto que entre los blancos no hispanos los republicanos se imponen por 53% a 42%, pero entre los afroamericanos pierden por 10% a 83%; entre los hispanos, por 29% a 63%; y en el resto, por 17% a 72 por ciento.

Donald Trump logró convocar a las urnas a la base del Partido Republicano, algo que a Hillary Clinton le costó hacer con los demócratas (REUTERS/Rick Wilking/File Photo)
Donald Trump logró convocar a las urnas a la unfavorable del Partido Republicano, poco que a Hillary Clinton le costó hacer con los demócratas (REUTERS/Rick Wilking/File Photo) (Rick Wilking/)

Estados Unidos 2016 vs Estados Unidos 2020

“Según mis investigaciones –dijo Hansford–, una anciano tasa de décimo en las elecciones presidenciales aumenta el porcentaje de votos para los candidatos demócratas y para los retadores. Esto significa que, en promedio, el aumento de la concurrencia no tiene mucho impacto cuando hay un presidente demócrata, porque los género se contrarrestan mutuamente. Es lo que pasó en 2016. Pero, cuando hay un presidente republicano, una anciano décimo debería beneficiar mucho a un retador demócrata. Es la situación este año. La importante advertencia que hay que hacer es que estas conclusiones se basan en patrones generales de la segunda porción del siglo XX. Y, como todo el mundo insiste, estos no son tiempos normales ni promedio”.

El nivel de décimo caudillo en los comicios de 2016 estuvo internamente del promedio de las últimas tres décadas, lo cual llevaría a pensar que no fue básico en el triunfo de Trump. Sin secuestro, cuando se analizan los datos más en detalle, es posible alcanzar a una conclusión diferente.

Por un banda, votó el 64,7% de los blancos no hispanos, un sector en el que el Partido Republicano, y Trump específicamente, tienen una preeminencia in actuality intensive. Su décimo creció tres puntos en comparación con las presidenciales de 2012, una diferencia potencialmente wanted en una dilema que se definió por muy poco: Hillary Clinton recibió casi tres millones de votos más en todo el país y Trump se impuso en el Colegio Electoral gracias a superar algunos estados esencia por menos de un punto de preeminencia.

Pero mucho más decisiva que la suba en la décimo de los blancos fue la pérdida de los afroamericanos: pasaron de 67,4% en 2012 a 59,9% en 2016. No es casual que Barack Obama ya no fuera el candidato demócrata: 2008 y 2012 fueron las únicas elecciones de la historia en las que los afroamericanos superaron proporcionalmente al resto de los grupos. Es una de las razones por las que Biden eligió a Kamala Harris como su compañera de fórmula.

Los hispanos estuvieron allí de compensar esa sangría de probables votos demócratas. Subieron, pero muy poco: de 43,1% a 44,9% entre 2012 y 2016, cuando en 2008 habían corto 46,5%, el mayor en el período.

Las bajas tasas de concurrencia de los afroamericanos en el Medio Oeste ciertamente contribuyeron a las estrechas victorias de Trump allí. No está claro qué pasará en 2020 dadas las inusuales condiciones. Si fueran ordinarias, esta sería una dilema de muy adhesión décimo, entregado el elevado nivel de interés de los votantes en entreambos lados”, afirmó Inexperienced.

Es difícil no suponer que las diferencias en los niveles de décimo jugaron un rol importante en Wisconsin, Michigan y Pennsylvania, tres estados históricamente azules, en los que Clinton lideraba en las encuestas, pero terminó perdiendo por menos de un punto. Esa diferencia entre lo que mostraban los sondeos y lo que terminó ocurriendo en los centros de votación podría deberse, al menos en parte, a que una porción de los tradicionales votantes demócratas se quedó en su casa.

Christopher H. Achen es profesor emérito de política de la Universidad de Princeton. Adyacente a Jeremy Darrington, realizó tras las elecciones de 2016 un estudio pormenorizado sobre la décimo electoral en esos tres estados, que marcaron el resultado de los comicios: si Clinton los ganaba generation presidenta.

Barack Obama y Joe Biden saludan a sus seguidores en Chicago, el 4 de noviembre de 2008, tras ser declarados presidente y vicepresidente electos. El principal desafío de Biden ahora, como candidato presidencial, es replicar el poder de convocatoria elector que tuvo Obama en 2008 (REUTERS/Jim Bourg/File Photo)
Barack Obama y Joe Biden saludan a sus seguidores en Chicago, el 4 de noviembre de 2008, tras ser declarados presidente y vicepresidente electos. El foremost desafío de Biden ahora, como candidato presidencial, es replicar el poder de convocatoria votante que tuvo Obama en 2008 (REUTERS/Jim Bourg/File Photo) (JIM BOURG/)

“La elección tuvo efectos muy variados en la participación”, explicó Achen, consultado por Infobae. “Bajó la de los afroamericanos, presumiblemente porque Obama ya no se presentaba. En los municipios abrumadoramente blancos, cayó rodeando de dos puntos porcentuales en Wisconsin, subió un punto y medio en Michigan, y subió rodeando de tres puntos en Pennsylvania. Trump hizo crecer un poco el voto republicano logrando que más gentío acudiera a las urnas y, en parte, poniendo de su banda a algunos ex votantes de Obama. No hay una relación clear-reduce entre los cambios en los niveles de décimo y los resultados. Sin secuestro, el aumento de la concurrencia benefició a Trump, a veces de modo dramática, en los lugares menos educados. Estimamos con cautela que si el objetivo de décimo hubiera sido igual para entreambos partidos, Clinton habría reses Michigan y Pennsylvania, y Wisconsin habría sido un igualada”.

¿Esto significa que si aumenta la décimo en 2020 van a superar los demócratas? No necesariamente, porque depende de quiénes vayan a sufragar. Pero, como los blancos no hispanos tuvieron un nivel de concurrencia muy importante en 2016, es doable que si hay un crecimiento caudillo ahora se explique más por un anciano acción directa de las minorías, lo que beneficiaría claramente a Biden.

¿Hay razones para esperar un incremento de la décimo? Sí. La más importante es que las elecciones de medio término de 2018 tuvieron la más adhesión afluencia desde 1966. Votó el 47,1% de las personas en perduración, una enormidad para comicios en los que solo se eligen legisladores.

Puede tener sido una casualidad o poco circunstancial, pero todo indica que es una consecuencia de la agravamiento de las tensiones políticas en el país. Así como la crisis de 2008, las protestas generalizadas en todo el país y la emergencia de un líder carismático como Obama motivaron a sufragar a muchas más personas de lo ordinary, la división que se abrió en torno a la figura de Trump está consiguiendo poco parecido. Cuando los ciudadanos se interesan por lo que sucede en la esfera política y creen que hay cosas importantes en diversión, la décimo tiende a aumentar

Es verdad que la pandemia puede desalentar a algunas personas por temor al contagio. Pero lo que se vio en estos meses es un crecimiento exponencial de la movilización política. El aumento de los conflictos raciales por los notorios casos de violencia policial, que desataron las mayores protestas en muchas décadas, el descontento creciente por una pertenencias que se deterioró y la polarización en torno a cuál debía ser la respuesta al coronavirus radicalizaron a una terreno política que ya estaba conmovida.

La gran pregunta de 2020 es si los blancos sin educación universitaria, que acudieron a las urnas en cantidades inusuales para sufragar por Trump en 2016, lo harán de nuevo, o si la pertenencias deprimida, la pandemia y tal vez la ahogo electoral han disminuido su entusiasmo –dijo Achen–. Los demócratas se mostraron más animados que los republicanos en las elecciones de medio término. No obstante, Biden es un candidato holgado, no muy emocionante para la mayoría de los votantes, así que nadie sabe si los demócratas irán a las urnas en anciano número que en 2016. Si no es así, Trump tiene una buena oportunidad de superar directamente, o de perder el voto accepted de nuevo, pero conseguir una mayoría en el Colegio Electoral en los mismos estados del Medio Oeste, y en Florida, que le dieron la conquista la última vez. Entreambos bandos están trabajando duro para motivar a su gentío, principalmente organizándose a nivel native y tratando de asustar a sus partidarios con imágenes de lo que pasaría si el otro banda ganara”.

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